En estos momentos podríamos decir que estoy en una transición. No estoy segura hacia dónde, cómo o cuándo, pero es así.
Los 31 están por llegar. Profesionalmente estoy mejor que nunca, con el equipo que quiero y en el lugar que quiero. Aun lucho con la costumbre de los tacones, con despertar con ánimos de maquillarme y crear el hábito aún más importante de desmaquillarme, sigo siendo un desastre con el tiempo que no logró controlar ni entender.
Mi armario ha cambiado, menos franelas y más camisas. Mi risa se ha hecho más amplia, más grande, más alta; mi cuerpo es otro completamente distinto y estamos redescubriéndonos, sigo queriendo ir a Disney, soñando con ir y venir en bici, pensando en los próximos dos tatuajes.
Sueño con la casa en la playa, aun cuando al pasar el tiempo quiero menos sol y más sal; disfruto conseguir música nueva tanto como nuevas aplicaciones.
Me quedan tantas cosas por hacer, tantos deseos por cumplir, que espero que no me pase la vida sin lograr concretarlas, porque bien decía mi abuela que la vida es un suspiro...
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Este video increíble que conseguí, por casualidad o por destino en el blog de una directora creativa - como gusten- habla precisamente de eso, desde la experiencia de un abuelo que aconseja a su nieta. (De hecho extrañamente este abuelo concuerda con la mía, sobre el concepto de la vida)
Disfrútenlo. Es una delicia creativa con una dulzura de mensaje.
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