6.15.2011

Esa sensación de dejar el trabajo

No sé si alguna vez han tenido que renunciar a sus trabajos. Yo sí. Cuando tu trabajo se convierte en tu hogar, y la gente que trabaja contigo es tu familia, la nostalgia y la post-depresión es terrible, tanto para los que se van como para los que se quedan.


En el último par de años me ha tocado despedirme de quienes comenzaron siendo simples compañeras de trabajo a mis mejores amigas, esas que se convierten en tus hermanas elegidas. Una por año se va del país: Veru a Indiana en Estados Unidos, Karina a Barcelona en España y ahora Fer a Chile. 


Sin contar con todos los amigos del colegio que huyeron mucho antes de que Venezuela se convirtieran tristemente en lo que "intenta" ser hoy en día.


Hoy se va Valentina, la recién enamorada. Al menos no se va del país, sólo cambia de trabajo. Pareciera egoísta, pero aun cuando me parte el corazón en mil pedazos - aunque me hago la fuerte- el hecho de saber qué solo estará a unas cuantas estaciones me hace sentir mejor...


Pero es que han sido tantas las despedidas, en tan poco tiempo... que es inevitable la sensación de pérdida continua.


Sin embargo -luego de limpiarme las lágrimas- como dije en un post anterior todo cambio siempre es bueno. La vez que me tocó renunciar a mi trabajo, me topé con una canción de Gwen Stefani como solista que me dio aliento. ¿What you waiting for?


El miedo al cambio, a no poder lograrlo, a estar sola ante un nuevo panorama siempre nos aterra. Pero qué estás esperando? Estoy segura que a Valentina le va a ir mucho mejor, y cambios es lo que nos falta por vivir. Así que, tick tack tack tick tack... ¿What you waiting for?



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