Es un rito que cumplimos a cabalidad. La selección del lugar casi siempre queda al azar. Esta vez nos fuimos a Spizzico. La cocina del lugar nos encantó, incluso algunos sabores nos recordaron la tan añorada cocina de mi abuela.
Sin embargo, este año Sebastian, mi sobrino marcó una diferencia increíble. No sólo rompió la rutina sino que de alguna manera nos ha unido más. (Situación que parecía prácticamente imposible)
No hay comentarios:
Publicar un comentario